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Lecciones y Recuerdos que nos deja Myanmar/Birmania
Michael Henderson29 Octubre 2007
En Myanmar actual (Birmania), existen muros por romper y heridas sangrantes que deben ser curadas. La apacible gente de ese hermoso país se merece algo mejor que la represión.
La agitación que se vive en Myanmar/Birmania, me trae a la mente a algunas maravillosas personas que conocí en el año 1947, cuando, siendo todavía un adolescente, asistí a una conferencia en La Casa de la Montaña de Caux, Suiza, donde recientemente había sido creado este centro de reconciliación.
Francis Ah Mya y John Aung Hla, eran en aquel tiempo dos jóvenes sacerdotes, en camino a convertirse en los primeros obispos anglicanos birmanos de un país de mayoría budista. Los conocí, mientras hacía fila en la cafetería a la hora del almuerzo. Francis y John habían llegado a Caux con George West, quien había sido por más de diecinueve años obispo de Rangún, y quien era amigo muy cercano de mi familia que vivía allá.
Cuando George llegó a ser obispo y se trasladó a la residencia oficial, muchos años antes de la independencia del país, ya había escrito en su tiempo de silencio matinal esta nota: "El Episcopado debe ser un corazón
palpitante para toda la nación, tanto para británicos como para birmanos, indios y karenses, nos debe unir en un mismo espíritu, generando una dimensión completamente nueva de generosidad, para que el espíritu de Dios toque y sane las heridas sangrantes del pueblo de Birmania."
Una de sus principales metas era fomentar un acercamiento con las iglesias de otras denominaciones, particularmente la bautista, y profundizar la comunicación con las iglesias no cristianas, con las comunidades hindú y musulmana y en especial con la budista. El abismo que los separaba de los budistas se podía comparar, según él, con esa gran pared que separaba el Episcopado del monasterio vecino. Había visto a los monjes en sus hábitos amarillos salir a la puerta a recibir donaciones de comida, pero jamás había tenido un contacto personal con ellos.
En uno de sus momentos diarios de silencio, tuvo este pensamiento: "Alimenta a los hpoongyis (los monjes)". Entoneces le sugirió a su capellán, John–Tyndale Biscoe, que invitara a algunos de los monjes a la casa del Episcopado a comer. John nos hizo notar que jamás en la historia del Episcopado algún obispo había atendido a un monje budista. El Obispo fue más allá; "¿Por qué más bien no los invitamos a una cena de Navidad?"
Como resultado, doce monjes vestidos de amarillo, asistieron a la cena; más tarde, el Obispo fue invitado al monasterio a un pwe, fiesta con música teatro y bailes. Después de esto los dos grupos empezaron a
instruirse mutuamente, birmanos e ingleses. Cuando el obispo tenía que interrumpir sus lecciones para hacer sus visitas, los monjes insistían en acompañarlo. En el día nacional el Obispo West fue invitado para pronunciar el brindis "Birmania" durante la celebración. Más tarde al abate del monasterio sugirió que fuera colocada una puerta en la pared que los separaba, estipulando que debían existir dos llaves, una para él y la otra para el arzobispo.
Otra birmana cristiana, que asistió a Caux ese verano, fue Daw Nyein Tha, de quien hablo en mi libro Todos sus aminos son de paz. A sus veintiún años se convirtió en la directora más joven de un colegio en su país, y era amiga de Mahatma Gandhi. A ella se le pidió que respondiera al brindis del obispo West en el día nacional. Ella además era muy directa. En un encuentro con unos misioneros en el que dirigió unas palabras sobre el tema del pecado, un misionero le replicó diciendo: "Mis pecados me han sido perdonados". "¿Qué pecados?", le preguntó ella. "Mis pecados en general", contestó. "No sé que son pecados en general" dijo ella, "mis pecados son todos muy específicos". Tenía una forma muy expresiva para presentar la verdad. Uno de sus lemas más famosos es conocido alrededor del mundo: "Cuando con un dedo señalo las faltas de otro hay tres dedos que me señalan a mí".
En 1961 tuve la inmensa fortuna de conocer y reportar la visita a Caux, de seis abates budistas que habían sido enviados por la Asociación de Abades de Birmania, a celebrar el cumpleaños de Frank Buchman, pastor luterano que fue la inspiración para la construcción de ese centro. Un reportaje en un periódico de Rangún, refleja esta experiencia con el siguiente título, "En Caux los Cristianos viven como Caballeros Budistas". Más tarde, ese mismo año, estuve presente para la visita del Primer Ministro de Birmania, U Nu.
Un año más tarde U Nu fue depuesto por el General Ne Win. Después de su liberación y su regreso del exilio, U Nu se dedicó con gran devoción a una tarea que incluso había sido una de sus prioridades cuando era líder del gobierno, la traducción de los libros sagrados budistas. De estos se desprende cierto poder que contrasta con la forma de liderazgo actual. Cuando era presidente, un día sorprendió a su gabinete con el anuncio de que iba a renunciar. Les dijo que sin un clima de renovación moral en el país, este perecería y que él sentía que era su deber ayudar a crearlo. Después de las fuertes protestas de sus colegas, él aceptó regresar a su puesto en un año.
A su regreso, dirigiéndose a los miembros de su partido, dijo: "Después de algún tiempo como primer ministro, me di cuenta que la muy temida enfermedad del orgullo se fue apoderando gradualmente de mí. Empecé a pensar que soy el más valiente de los miembros de mi partido, el más inteligente, el más eficaz y el más importante. Me di cuenta que había empezado a ser yo mismo el centro de mis pensamientos. De esa manera empecé a ver de menos a mis colegas y a tratarlos con desprecio. Tengo que admitir que la actual falta de disciplina y de orden en nuestro partido, en parte tiene sus raíces en la enfermedad del orgullo, de la que yo sufrí. Cuando esta enfermedad se vuelve una epidemia en cualquier partido, el orden y la unidad desaparecen. En el pasado hemos visto solamente nuestras virtudes y los defectos de los demás. En un futuro tratemos de ver también nuestros defectos y las virtudes de los demás."
Esto no es para nada un mal consejo, ni para la tan agitada Birmania, ni para los Estados Unidos, que está cerca de sus elecciones presidenciales. Seguramente existan muros por romper y heridas sangrantes que sanar en el Myanmar actual. La apacible gente de ese hermoso país se merece algo mejor que la represión.
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NOTA: Personas de diferentes culturas, nacionalidades, religiones y credos, están involucradas activamente con Iniciatias de Cambio. Estos comentarios representan el punto de vista del escritor y no necesariamente los de Iniciativas de Cambio en general.
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