Pablo Álvarez Tostado

Personal picture of Pablo as part of the team of a student group in Monterrey Tech in Mexico after a conference in the most important event for this group named . Dejando huella.

Pablo Álvarez Tostado, un joven mexicano encuentra casi 'Imposible expresar con palabras lo que ricibió en hechos y vivencias', pero aquí trata de compartir su experiencia.

En un mes pude sentir a todo el mundo por completo en una montaña, fue como estar en un lugar mágico con un solo sentido: el camino de construir paz, camino que después de lo que viví me siento con la responsabilidad de construir.

Pude aprender muchas herramientas para la transformación de conflictos y construcción de paz, sobre mediadores y terceras personas, sobre alerta anticipada, y cómo encontrar el verdadero fondo de un conflicto. Aprendí sobre contextos de problemas, visión de liderazgo, diálogo y discusión, zonas de confort, alarma y disconfort, la relación entre problema y persona, curación de traumas, hablar en público, riesgo y oportunidad, justicia, verdad y piedad, toma de decisiones y liderazgo para tomarlas.

Suena a mucho contenido para un mes. ¿Cierto? Pues en realidad eso fue lo sencillo y lo menos importante porque: 'Caux no es un lugar de técnica, sino de experiencia'. Me di cuenta de que el mundo es más grande de lo que pensaba, pero la relación entre los seres humanos es más pequeña y está a nuestro alcance, aprendí del poder de una sonrisa cuando proviene del fondo de tu corazón, que la amistad rompe con el corazón todas las barreras que creamos con la mente, que la distancia y la cultura no necesariamente nos convierten en extraños entre nosotros dado que puedo decir que ahora tengo más amigos de todo el mundo de los que podría imaginar, desde Estados Unidos hasta el Tibet, de Jamaica a Sudán, de Gaza a Tayikistán, desde la Santa Biblia, hasta el Corán, pero lo mas importante… de humano a humano.

Comprendí el verdadero significado de la palabra ESPERANZA cuando no tienes país o una familia, aprendí a hablar de amor sin una palabra, sólo mirando en los ojos de mis compañeros, aprendí que Etnia es cuestión de gustos. Pude practicar el silencio para escuchar el susurro del alma y ahora me he llenado de gusto por enseñarlo, pero me di cuenta de que la única manera de enseñarlo es haciéndolo. Me di cuenta de que un cambio personal puede y debe cambiar el destino del mundo; una persona con convicción puede hacer gran diferencia, esa Montaña y ese Castillo me ayudaron a nunca detener esa búsqueda hasta encontrar un mejor cambio para la sociedad, sin importar el color de la piel, idioma, cultura, creencia, estado social o económico, ni siquiera la edad o género.

Pero no puedo terminar sin contarles lo más preciado que recibí del “Caux Scholar Program”, lo más preciado que tengo y aún conservo en mi corazón son 20 palabras:

“Mona, Jessie, Michelle, Sara, Genevieve, Chris, Hala, Ifeoma, Ibtihal, Alicia, Rozanne, Zeke, Daniele, Juan, Christie, Yama, Joseph, Tenzin, Zamira, Grant”.

Esos son los nombres de mis compañeros que aprendieron junto conmigo, ellos son lo más valioso que conservo, ellos son el regalo de una Montaña que está dispuesta a entregar lo mejor del mundo a quien de verdad lo busque.

Puedo decir que después de ese verano soy una pequeña chispa, lista para ser el inicio de una gran llamarada, una llamarada de reconciliación.