Sofía Villa Barajas

Sofí­a Villa Barajas, colombiana viviendo en Los Paí­ses Bajos

Una joven colombiana de 16 años narra lo que para ella fue su estadía en 'La Casa de la Eperanza', como ella le llama.

Lentamente, con bastante esfuerzo pero sin afán, trepaba el pequeño tren la montaña; sonrisas de admiración se dibujaban en las caras de los otros pasajeros que al igual que yo iban a Caux por primera vez. Por una de las ventanas se podía apreciar la puesta del sol sobre el lago. La atmósfera estaba en su totalidad impregnada de un no-se-qué que hizo que la puesta de sol sobre el lago, el bosque a nuestro lado y el pequeño tren subiendo lentamente causaran una felicidad contagiosa. Esta se podía ver directamente atada a la satisfacción de un viajero cuando finalmente llega a su destino, y descubre con deleite cada sorpresa que se oculta en él.

Este encanto no se rompió una vez que estuvimos en Caux. El edificio en sí era imponente y se ve hermoso rodeado de bosque; pero lo que mas me llamo la atención fue la diversidad de gente de diferentes países, con diferentes culturas y religiones que vi cuando entre. Una vez estuve acomodada en mi cuarto (una de las torres que compartía con una Irlandesa y una Suiza) me fue explicado que cada uno de los ‘ huéspedes ’ debía ayudar con algo; había varios grupos, cada uno de los cuales se encargaba de algo: el desayuno, el almuerzo, la comida, la tendida de las camas… Esto me agrado bastante, además porque hizo que todos nos sintiéramos mas unidos, ya que había que trabajar juntos...

Durante le semana que estuve en Caux asistí a varios talleres, conocí mucha gente, discutí sobre bastantes temas con personas de todas partes del mundo. Hubo varias conferencias que me parecieron bastante interesantes, asistí por ejemplo a una sobre el conflicto entre Israel y Palestina; me gusto mucho ya que me fue posible entender mejor la situación y saber que de ambos lados se busca una solución pacífica al asunto. También había grupos de discusión que se reunían una o dos veces al día para discutir sobre los talleres y conferencias a los que habíamos asistido, allí se intercambiaban ideas sobre conflictos personales e incluso como mejorar el entorno de cada uno en nuestros países.

Los talleres y conferencias fueron programados de manera bastante exacta, sin embargo había suficiente tiempo para otras cosas. En mi tiempo libre estuve en Montreux varias veces, caminé por las montañas en la noche para ir a ver el amanecer desde la cumbre de una de ellas, camine por el bosque e incluso me sobró tiempo para perderme. También se organizaron actividades para gente con menos interés a salir en la noche a caminar por las montañas. Cada noche había una película que ver. Se organizaron talleres de danza, hubo obras de teatro, presentaciones de bailes y música de diferentes partes del mundo y cada noche se podía bailar y tomar chocolate caliente en el Caux-café.

Esta fue una magnifica experiencia en la que no solo conocí gente, me divertí y pasé bien sino que además aprendí bastante sobre qué podemos hacer para hacer de este mundo un mundo mejor. Y adquirí un concepto mas global al respecto de las iniciativas de paz que hay en el mundo lo cual me encantó, ya que es esperanza para un mundo mejor que cada uno de nosotros puede cultivar.